martes, 25 de junio de 2013

Fresilandia 1

Antes vivía en Choco-town, pero me mudé a Fresilandia. Allí la gente es dulce como un pastel y tranquila como la corriente del mar de sirope. Vivo en la Calle azúcar nº 19. Tengo de vecinos a Slandy Flufly (una chica melocotón) y a Aliento Fresco (un chico que es medio muchacho, medio caramelo de menta). Cuándo llegué, en el piso de Slandy Flufly vivía Fresa Love, una osita de gominola de sabor fresa y de estatura de un metro. Pero vendió su apartamento y ahora vive en el Slandy Flufly.
   Un día salí a comprar brochetas de anís (aquí todo es dulce) y mientras caminaba por la acera de azúcar vi a un tipo bajito con nariz gorda. Llevaba una gabardina y un sombrero con el que no se le veian los ojos. El individuo tropezó y se cayó al suelo. En vez de sangrar batido de cerezas como todo el mundo, sangraba un liquido rancio del sabor de un repollo cuatro días al sol. ¡Puaj!
-¿Se encuentra bien, señor?- le pregunté.
Él me respondió con un gruñido poco amigable. Se levantó y salió corriendo en dirección a la fuente de chocolate del parque y giró a la derecha a la avenida Helado. Pasó por la estatua del rey tutti frutti y siguió corriendo hasta que desapareció de tras de un camión de plátanos conducido por una banana que habla. Yo le seguí en toda la persecución que duró 45 segundos. Finalmente compré las brochetas y volví a casa. Había sido un día lleno de emociones.
-¡Hooola! ¡Bienvenida!- me chilló nada más entrar Slandy Flufly.-¿Quieres tomar el té conmigo en mi casa? ¿Si? ¡Bien! ¡Te esperó allí!
Todo fue tan rápido. No me dio tiempo a contestarle. Llevé mis brochetas como regalo, qué remedio. La chica melocotón me abrió la puerta de su piso nada más llamar al timbre.
-¡Hola, holita!-me dijo ella.
-Hola...-le contesté. La verdad: me da un poco de mal rollo. Mientras tanto miré a las escaleras: estaba subiendo un matrimonio de plátanos. Estaban felices, y yo en cambio estaba al borde del abismo del aburrimiento. Y es que Slandy cuándo empieza a hablar no hay quién la pare y después de 15 minutos aburre un poco mucho. Su pelo olía a mandarinas; sus cabellos rizados de color zanahoria se movían sobre su cara rosada. Tenía pecas que parecían de chocolate negro. Ella adora el rosa. Tiene, al igual que yo, 14 años pero se pone plataforma para parecer más alta.
A las ocho y media dejo de torturarme  y me dejo ir. A la mañana siguiente me encontre con aliento fresco en la parada del autobus. Estaba con una rubita que olía a limón. ¿¡Desde cuando Aliento fresco se habia hechado novia!? ¿¡ Y porque justo esa rubita de mucho cuidado?! Ya se que estais pensando pero no, no estoy enamorada de Aliento fresco. La rubia llevaba una mini-micro-excesivamente-micro mini-falda de color arena. Llevaba una camiseta de tirantes blanca con una chaquetita de media barriga de manga corta color arena con destellos oro.
Bueno, cuando vuelva a casa le diré algunas cosillas. Pero no me dió tiempo a responder porque de repente un chico azul-morado que vino corriendo hacia mi y nos caimos los dos al suelo al chocarnos.


CAPITULO 2: Chicle de arándano.
-Ay.. Jo... que daño...-solté un lamento.
-¡OH! Estas bien?? No te vi es que...
-¿Cómo te llamas?- no le dejé contestar.
-...-se quedó pensativo por un momento- Chicle de arándano... ¿¿Y... tu??
-Eh?!- me quedé en blanco..-..Ah!! Mi nombre! Soy Ali Cereza, soy tan dulce como una piruleta de cereza.
En el autobus de chicloso me senté con Chicle de arándano. En frente, iba aliento fresco, solo,  con su mochila. La rubia del limón se había ido...o eso pensaba. A nuestro lado estaba ella con un chico que era de algodón de azúcar, como las nubes.
Yo y Chicle de arándano hablamos durante todo el viaje. Teníamos muchas cosas en común. Al final nos intercambiamos los telefonos. Prometimos quedar el proximo viernes para ir en monopatin por el parque.
Mientras tanto aliento fresco nos escuchaba y tenía un poco de envidia. Se notaba a 1 kilómetro.  Pero no era el único que escuchaba conversaciones ajenas. Yo tambien escuchaba las conversaciones de la rubia y el chico nube. Descubri que la rubia se llamaba Meli Limón y el otro, que casualmente era su novio, era Nube de Algodón. El viernes llegó y como dijimos fuimos al parque de la fuente de chocolate de la persecución que tuve hace unos dias. Llegó el con su pelo morado y su piel añil. Yo con una coleta donde amarraba mi cabello rosa cereza del que estaba orgullosa. Mi piel rosada era contrariada con la suya, oscura y añil. Yo con mi monopatin rosa tuneado y con el suyo azul dimos un paseo por el parque. Me fijé en que estaba el hombre bajito y con gabardina del otro día. Nos estaba espiando detras de un matorral de fresas silvestres.
En los columpios estaba una galleta de OREO y otra de COCKIES charlando. Pasamos a su lado a gran velocidad que a la de OREO casi se le sale la crema y a la de COCKIES casi se le caen las pepitas de chocolate.

Mientras ibamos por la acera de turrón oimos un "¡ay!" atras nuestro. El bajito de la gabarnía (apodado Espía por mi) le habian dado un balonazo otro niño-piruleta que fue a recoger su elota de chocolate. Frene en seco con el monopatín y casi me caigo en la carretera de chocolate negro.
-¿¡QUIEN ERES TÚ!? -le dije por fin a Espía.
-grunf...-fue su respuesta, como la otra vez.-Vengo del reino remolacha en el paraíso de las verduras. Pase la frontera del paraiso de las verduras al mundo de azúcar y vine a Fresilandia...por que estoy buscando un tesoro.
Hubo silencio. Chicle de arándano tambien había parado y empezó a escuchar nuestra conversación.
-¿Estas buscando el tesoro más grande del mundo de azúcar? ¿La tableta de chocolate de los mayas 100% cacao? Esta en la cima de la civilizacion maya hecha de lingotes de chocolate dorado con leche.-intervino Chicle.
-Co..co..¿como lo sabes muchacho?
- Porque... mi hermana es la diosa Maya, que proteje el gran tesoro. Su piel blanca como la harina es suave como la superficie de una manzana. Sus ojos como la miel empediranque la ataques y su cabello marrón con destellos dorados te volverá ciego si lo miras a la luz del sol.-continuo Chicle.- Y como alguien le haga algo juro que lo trituro.- acabó mi amigo.

Llegó Aliento fresco y nos miró con mala cara   >:(

Se fué y retomamos la marcha con nuestra conversación anterior.
-Soy Erne McBrocoli- dijo al fin Espía.
-¿Eres malo?
-¡NO! Lo único que quiero es el nucleo de azúcar...de tu hermana... y la tableta de chocolate... -palidecí. El núcleo de azúcar es el corazón de la gente del mundo de azúcar. ¿Acaso aquel tipo quería matar a la hermana de Chicle para despues apoderarse de su corazón? Por lo que leí en la bibloteca la reina maya  es la habitante con el núcleo de azúcar más grande del mundo de azúcar. Su núcleo de azúcar es el que les da azúcar a todos los habitantes y a toda fresilandia. En todo el mundo de azúcar cada ciudad tiene una guardiana de azúcar que es la que reparte el azúcar.

-¿Y... para que lo quieres?
-En nuestro mundo la reina ha enfermado y necesitamos azúcar para curarla, pero puede suponer la muerte de la guardiana de azúcar de fresilandia. Con el chocolate le haremos un chocolate caliente que es la medicina necesaria pero nos faltaria un ingrediente: el núcleo de azúcar de alguna guardiana. Y como la tableta de chocolate esta al lado de Maya, es más inteligente ir a por ella que rodear fresilandia e ir a chocotown a 60 kilómetros de aquí.

-¿No hay otra forma de extraerle el núcleo de azúcar sin matarla?- pregunté deseando de que hubiera otra opción.
-Sí, vamos, os lo cuento de camino.
-De... ¿de camino? ¿a dónde?
-A la cima de la civilización Maya. Vais a venir conmigo.
-¿¡QUÉ!?- pero no pude escapar por que de repente un dardo tranquilizante que salió de una zanahoria me dió de lleno y me desmayé.


Cuándo me desperté estaba en brazos de Chicle de Arándano y estabámos subiendo la pirámide maya.
-¡Eh! Se ha despertado.
-¿Es...estamos en... la cima Maya?
-De camino- dijo chicle entusiasmado

Bueno, os voy a resumir lo que paso despues McBrocoli dijo que nos separásemos y él se fue por un lado y yo y chicle por otro cuándo llegamos a una gruta oscura. Pisé una baldosa falsa (aquí todo tiene trampas) y se desmoró todo el techo y yo y chicle quedamos sepultados. Nos quedaba poco oxígeno y chicle tenía muy mala cara. Cogí todo el aire que pude y antes de que chicle ya no viviera más le besé y le pasé el aire, mientras nuestros labios se tocaban recordé todos nuestros momentos juntos y creo que ahora me gustaba un poco Chicle, pensé eso antes de quedarme insconciente y pensé. "ya es mi hora, le pasé todo el oxígeno que tenía para sobrevivir a él y ahora...me..." no pudé acabar por qué de repente me mojó la cara un cubo de batido de fresa helado (ummm, mi preferido!)

-¿Sigue viva?
-Sii... y mojada..-contesté yo.

CONTINUARÁ EN EL SIGUIENTE LIBRO.

martes, 11 de junio de 2013

Copo de nieve y copo de Sol

Había una vez unas niñas que nacieron el mismo día, eran gemelas. Una tenía la piel blanca como la nieve y el pelo castaño rojizo. La otra tenía unos ojos hipnotizadores y el pelo rojo, tenía la piel un poco morena por el sol. Se llamaron copo de nieve la de pelo castaño y copo de sol la de cabello pelirojo. Un día, copo de sol se mudó a Tailandia. Allí conoció a su amor verdadero: Zorro. Un joven apuesto de piel morena ojos y pelo nero y una sonrisa llena de felicidad. En cambio, copo de nieve se fue a Áfica. Ella era como la nieve, pero amaba al sol. Al llegar allí, tanto calor hizo que se convirtiera en un charquito de agua. El agua derramada la recogieron unos turistas de Luxenburgo y la almacenaron en una botellita. Durante el viaje de vuelta, el avión donde viajaban los turistas se averió y se rompió solo la ventanita de los turistas. De sus manos, se resbaló la botellita y se cayó por la ventana. La botellita se perdió entre las nubes. Justo en ese momento estaban pasando por Tailandia. El agua de la botellita tomó forma y se conviertió en copo de nieve pero en pequeñita, si no, no cabría en la botellita. Antes de chafarse contra el suelo, la botellita se paró en el aire y cayó lentamente hasta tocar el suelo. La botellita desapareció y salió la pequeña copo de nieve que en ese momento se hizó grande. Zorro, (que ahora era el marido de copo de sol) la vió y vió su parecido con el de su hermana, en seguida los dos fueron a ver copo de sol. Estaba tumbada en casa viendo la tele. Cuéndo llegaron copo de sol saltó del sofá y abrazó a su hermana. El destino las había unido de nuevo y esque los turistas se llamaban Des y Tino.

Diccionario de hojalata


Capitulo 1

Era una mañana de invierno. Nevaba mucho, puede que sea el día más frío de todos los tiempos. Mi padre tenía una tienda de antigüedades, por eso juego con juguetes del siglo pasado: mi peonza, mi muñeca, mi coche de hojalata, mi robot de hojalata…     Tenia mas pero no juego mucho con ellos, en especial un ratoncito que le das cuerda y empieza a caminar (más bien correr… uf, como corre ese bicho…) haciendo círculos, tirabuzones, piruetas tirándose de mesas saliendo increíblemente ileso… El mas bien tenia envidia a Salchicha, mi peluche de perro, el mas esponjadito, suave y tierno de todo el mundo. Bueno, también tengo a Tag, mi buldog negro. A Tag le gusta perseguir al ratoncillo y por eso le pusimos el apodo de “Gatito” pues lo parece. Pero al ratoncillo no le hace mucha gracia que le persigan, toquen y muerdan su PRECIADA y LUJOSA cola.

Muchas veces, me encuentro al ratoncillo montado en mi coche de hojalata dando un paseo con mi muñeca. Lo peor, es que, SIN QUERER, atropellaron la cola de MI Salchicha (Pobre perrillo…) El ratón salió escopetado del coche, la muñeca hecho a correr hacia su casita de plástico perdiendo un zapato por el camino y el cochecito soltó un melancólico sonidito de su viejo claxon…

Salchicha, se quedó tirado en el suelo. Cuando estaba más segura de que su pequeño corazón no latía, abrió un ojo, luego otro. Se levantó, lamió su cola y se subió a mi cama de un salto. Puse sobre la almohada un cartel que decía: CUARENTENA y le puse una muñeca disfrazada de enfermera vigilándole. En ese momento, llegó Tag y miró a Salchicha con ojos de cachorrillo, pues era su gran amigo y con la expresión de su cara se podría decir que le estaba diciendo: “Amigo, ¿estás bien?”

    Vi por el rabillo del ojo que la muñeca miraba por la ventana de su casa sintiéndose culpable. Del ratoncillo no se supo nada hasta una semana después, tiempo en el que se curó mi Salchicha. Su rabito volvía a moverse a 15 veces por segundo.

    La muñeca volvía a salir de su casa sin sentirse amenazada ni culpable y el coche volvia a tocar su alegre melodía  con su claxon. La muñeca-enfermera no paraba de sonreir por su gran trabajo.

El ratoncito, no se dignó a salir de su agujero pasadas ya 7 noches y 8 dias sin verle. Aun asi, los juguetes no se dieron cuenta de que no estaba y los festejos por la recuperación de Salchicha continuaron durante 3 semanas. Yo los observaba asombrada, preguntándome como un muñeco inerte podría tener vida, bueno, si usas tu imaginación y piensas un poquito, ellos también pueden tener un corazón que late con fuerza cada vez que juegas con ellos.
Tolon, tolon, tolon… ¡Son las tres de la tarde! ¡¡CÚCU CÚCU!! Trinó el reloj de cuco. Dios mío, que hambre. Los muñecos y muñecas corrieron con sus diminutos zapatos de charol hacia sus casitas de plástico a comerse su comida de plástico y después lavarse
su sonrisa de plástico con su dentífrico de plástico para después volver a los festejos de las 4 en punto.

El coche bebía su gasolina con limonada de mentira mientras un muñeco-mécanico le cambiaba las ruedas. A mi Salchicha le hicieron un suculento banquete que no os puedo describir porqué en ese momento casi me ahogo con una patata frita de plástico por no poder resistirme a suculento manjar de plástico puesto que era la hora de comer y tenía un hambre de lobo. Me salvó la vida mi pequeño Tag, qué vino al galope a por mí y saltó a mi barriga haciendo que, como una fuente, saliera de mi boca en vertical un chorrito de leche del desayuno con la patata asesina encima del chorro.

En ese momento me llamo mi madre para comer. Corrí escaleras abajo hacia la cocina y en un tiempo récord de 6 segundos ya estaba esperando con cuchillo y tenedor en mano el manjar que iba a devorar. Ante mi: una hamburguesa de 5 pisos inclinada, la nombre “Hamburguesa inclinada de Pisa” y para condimentarla había: kétchup, mayonesa, ensalada, patatas fritas, sal y pimienta. Me eché solo mayonesa porqué tras el “accidente” no comería patatas fritas así como así aunque estén deliciosamente buenas. Entonces llegó mi salvador (Tag) y empezó a devorar con su boquita de buldog su ración de croquetas más una tira de bacon  sazonado como a el le gusta (con nueces y aceite de oliva virgen extra, obligatoriamente ese aceite, como sea de orujo la has cagado… y puede que no seguirás viviendo…).

Después de comer me lave los dientes y escribí en mi diario:

Querido Diario:

Hoy he tenido un accidente con una patata frita de plástico y el ratoncito todavía no se digna a salir…  Salchicha se ha recuperado y ahora está muy bien, los muñecos han hecho festejos en su honor. Puedes que pienses que estoy loca pero creo que mis juguetes tienen vida propia…

Lo leí con mis ojos verdes como el enebro para buscar alguna falta ortográfica.

Después me puse a ver los festejos de los juguetes: ahora estaban haciendo una competición de tira y afloja. Me fije en un pequeño cartelito que traía: Después del tira y afloja dará comienzo el concurso de haber quien come más tartas de arándanos. Me asome a la ventana, había dejado de nevar y había una leve melodía de pajarillos cantando llevado por la brisa de la tarde. Abrí la ventana para oler las flores del cerezo que habían crecido mágicamente (estamos en invierno) pero me asome mucho, quizá demasiado, quizá no debí haberme asomado porqué en ese instante me precipite al vacío…

        Al abrir los ojos me encontré rodeada de juguetes qué ahora medían mi estatura, salvo una jirafa de peluche llamada Plátano que era (naturalmente) más alta que yo. Espera, ellos no habian crecido… ¡YO HABÍA MENGUADO!

Capítulo 2:

Menudo coscorrón me había pegado. Me dolía todo. Reconocí a mi coche de hojalata que se acercaba a mí con  una bolsa de hielo en el asiento del copiloto. La verdad…me gustaba esa sensación de ser mini y verlo todo sin que me vean, no llamar la atención. Desde mi anterior perspectiva, todo era distinto : la casita de muñecas no medía más de medio metro antes y ahora me parece un gran edificio de 8 plantas, como los rascacielos de las ciudades; cuándo cogía su comidita de plástico, bromeaba diciendo: “¡Pero que enana!”  Y ahora la miro y me parece la comida que hace mi madre.

     Mi muñeca se acerco a mí y dijo:

-Te estábamos esperando…-a continuación mi oso de peluche Teddy  me llevó en brazos a un tour por la ciudad. El ratón estaba presente en el acto.

Al volver del tour la muñeca me enseñó una casita de muñecas parecida a un hotel donde iba a pasar la noche. Mi figurita de pingüino me llevó a mi habitación. Él era camarero, recepcionista, cocinero y mayordomo del hotel. Su uniforme era una pajarita roja anudada l cuello y una placa en el pecho de color oro brillante con la leyenda: “Hotel Mil Colores” y abajo su nombre “PIN”. Mi habitación era la 301 del 5 piso (tenía 8 como yo sospechaba).

Mis vecinos eran una muñeca apasionada al rosa y un viejo yoyo que no paraba de rebotar en las paredes y no me dejaba dormir. La muñeca me llevo de compras. Yo solo me compre un jersey de color turquesa y ella como 1.000 prendas de vestir de color rosa. Pagó con una tarjeta de crédito de tamaño gigante, o sea, de mi anterior tamaño (la usaba para jugar a las tiendas).

A la hora de la cena “comimos” si se puede decir, spagettis de plástico. Bueno yo no. A mi me dieron una galleta que me olvidé el otro día. Fue un poco asqueroso pero bueno… Me dormí a las 21 horas y me levanté a las 6, antes que nadie. A esa hora mi madre ya se habrá levantado. Pensé. Era muy madrugadora. Y encima era ese día el día de Navidad. A las 7 ya se levantó mi padre y mi madre estaba comenzando a hacer el desayuno. El oso Teddy, el pingüino Pin, la muñeca fanática del rosa y yo ya estábamos despiertos. Hicimos una expedición a la cocina de varios metros (en términos juguetiles los metros son kilómetros) y nos subimos con una cuerda a la mesa. Robamos una tortita y nos fuimos con el botín a mi habitación. Ya tenía desayuno. Antes de irme a mi cuarto fui al salón y descubrí 5 regalos esperándome bajo el árbol de Navidad. 5 habitantes más para la ciudad de los juguetes.

Los demás juguetes estaban impacientes por subir: querían desayunar. Yo  por mi parte estaba ideando un plan para que mi madre y mi padre no se dieran cuenta de mi ausencia. Pensaba en poner un muñeco parecido a mi en mi cama y con una vieja grabadora grabarme a mí diciendo como: Ho
O cosas por el estilo para poner mientras no esté. Cuando yo esté en mi habitación, contestaré a mi madre con la excusa que se me ocurra escondida detrás de mi cama. Hice una escalerita con libros para llegar a los sitios altos o para llegar a algún escondrijo anti-mamás o papás (depende de la situación) y también iba con una tropa de soldaditos de plomo a coger a la cocina comida para reservarla para mi por si acaso. Entonces entró mi madre en  la habitación (el salón) cargada de fregona y cubos. Mi padre vino corriendo con una cámara fotográfica para sacarme una foto mientras abriera los regalos pero menuda sorpresa se llevó al ver qué no estaba (bueno, si estaba pero él no me veía…). Sacó una foto al árbol con los regalos y yo debajo de él. Miró la foto y con asombro me vio en mi tamaño juguetil. Había salido en la foto por accidente y mi padre estaba pasando de un tono carne a un tono blancuzco para pasar después a uno verdoso. Se la enseñó a mi madre y ella reaccionó igual. Al cabo de unos minutos se arrodillaron y me vieron en persona. Yo les dije:
-Todo esto tiene una explicación lógica, o no…
A ver: ¿cómo le iba a decir a mi madre y a mi padre que había menguado al caerme por la ventana, que los juguetes hablan y que tienen una ciudad? ¡Es una autentica locura, pero es de verdad!
A ver... Primero les digo que, antes de nada, que no se preocupen, que estoy bien, que no me pasa nada, que soy como antes solo mengüe. En fin. ¡NO SE COMO HACER QUE YO SEA COMO ANTES! ¿Quiza algun juguete lo sabe? Bueno, el caso es que mis padres estaban flipando en colores.
Les conte todo, y, mágicamente, me creyeron. Les lleve a mi habitacion y les presente a mis juguetes, porque ese dia, mis padres se unieron a mi y a mis peluches en busca de la cura de mi extrano y cómico tamaño.
Entonces me acorde de una promesa que le hice a Lara, mi mejor amiga. Le dije que pasariamos las navidades juntas pero ahora, no queria que el mundo conociera mi tamaño, porque si no, cientificos de todo el mundo vendrian a inspeccionarme y me separarian de mi familia y tal. Ademas, Lara es súper cotilla. Justo en ese instante sonó el timbre: eran Lara y sus padres a celebrar la Navidad con nosotros.